miércoles, 17 de marzo de 2021

LA ROCA _____________ 2020 2021__________________ social RITUAL

 
 



 
Me encantan  los almendros y las flores, adoro los caballos y a los gatos, me encantan las iglesias, los abrazos , la fe en calma, las esperanzas, los hombres que se unen por una buena causa, los juegos cotidianos de la luz con las sombras y el color. Creo que lo sublime se halla en los estambres de cada flor de vida que encontramos. Y la materia que sustenta esos pequeños prodigios es de diversas índoles, a veces tan sutiles que pasan desapercibidas. Solo hay que mirar, abrir de para en par la puerta de la atención del alma y cada una se abre para hacernos a cada instante espectadores del milagro. Hurga en el trozo de corteza de árbol que crece en la montaña donde habitas. Observa el lepidóptero que vuela llevando el polen a otro valle y las termitas que ríen lo aprendido. En un son incesante.Prolifera. Que lo nuevo no ceda ante lo viejo.Esa es la única forma de retener una brizna de tiempo entre las manos. Sólo la luz veloz salva las olas de la furia suicida. Sólo el amor fugaz calma las dentelladas del rastrillo del tiempo. Tan solo el sol solaz juega el azul como pintando el mar. La gente está escondida detrás de su miedo. Los que no se ocultan chillan como si se les fuera menos la vida buscando el aire para sostener la voz. Todo tiene un aire triste. Todo menos el cielo,  las flores y las piedras. Que siempre esperan, pacientes. Y si los miras bien aprendes que la paciencia no tiene menos vida que la pasión, a veces tiene más.

BLANCA GORTARI 



 
 
Cóncavo y convexo, ángulo recto y ángulo muerto. Toda imagen muestra un espacio objetual, y oculta al mismo tiempo dos espacios ilusorios: el más allá detrás de la imagen, y el aquí del observador, el autor que nunca aparece en el despliegue del texto. Lingüística postmoderna, el autor ha muerto, viva el autor. BALTASAR FERNÁNDEZ
 
 
 
AFTER THE ELEGANT FLOWERS
 




 
 
 
Las señoras enmascaradas y abrigadas en cazadoras marrones, pasan sentadas la tarde en el balcón con vistas al mar de hielo. Se preguntan si las volverán a meter adentro, como antes. Los crecientes brotes de los árboles apuntan al plazo medio, sin prisa, aguardan sin reloj lo soleado y caliente por aire y tierra para mostrar sus hojas. 

 


 
La luz baña los icebergs ennegrecidos. Decenas de caras tristes hacen bolita en la puerta del palacio de la diputación. La gente currante de la hostelería, que ya no sabe por dónde comer.
 
 


 
En el supermercado me cuenta la cajera que no entiende nada, hay un nuevo toque de queda a las ocho y ellos abren hasta las nueve. Será para que salgan a pasearse algunos listos, y con esta nieve, es una vergüenza.
 
 




 
 
 
 
 
2021
 
Cantan números y euros a miles, los niños. Mis lugares ocupados, me renuevo en impro a mitad de escena. Papel grueso aguillotinado. Cantan que se acabaron las porras. -Pues unas madalenas. El sol cruje la sala. Vermeer memoriza cada fleco en el terrazo.









Entra una señora y pide el décimo. Llevo uno. Es mañana. Otro señor serio y enjuto pide dos churros y le ofertan el tercero, para que no se quede ahí solo. -En el grupo hay gente que pone muchas tontunas. A veces da hasta risa. Se baja la voz.  Llega la lengua. Lunes agua con gas. Cielo plomizo.










Se abrió hueco. Al entrar me sirven el solo doble. Saco mis papeles. Los rotuladores. Vuelvo a la barra a pedir mis porras, un clásico. Salta la sorpresa. Espera espera, que hoy te he hecho unos huevos revueltos. A ver si te gustan. Lo natural.




El tipo se surte. Cafés, aguas, porra, lengua y calabacín frito. El dueño del bar habla sin parar mientras va de un lado a otro de la barra. En un extremo las servilletas y los platillos con su sobre de papel azucarado, en el otro las naranjas de los zumos. Nunca quieto. Buenos días Don. Qué tal la familia? Salen cafés para llevar. El cocinero llega con las bolsas llenas. Hay lomo. El aire gélido entra hasta la nuca. La ventilación que nos piden. Nunca había llevado jerséis trabajando, mira ahora, si paro me quedo helado. La luz rebota en la roca. Gran Sol.









Al entrar te dan los buenos días con tu nombre detrás del don, o te llaman caballero. La ventana mínima que comunica barra y cocina se abre poco. Hay foco y esmero en la elaboración. En una apertura fugaz, un señor que siempre va en chándal bromea. - ¿pero eres marinero o cocinero? El chef sonríe con su sombrero de papel a dos aguas. - Capitán de fragata.


La roca sucumbe al espíritu y sobre la barra de tapas humeantes hay ya guirnaldas y bolas rojas. Pocas, onda escueta, que no se diga, pero no está el horno ya tu sabes. El lotero apura su café. Quedan dos porras. Entran paisanos de voz caverna, de los que fumaron desde niños. La máquina de café lanza su estruendo. La leche como la queréis?


La roca era más grande. Hace años se talló para hacer la calle, apenas pasaba un coche. Querían hacer un hotel con aparcamiento subterráneo, quitando hasta el convento, que está muy viejo, tiene unos arcos que patrimonio dijo que se quedan. Porras y café que humea. Cero grados.








En la madrugada la voz de la niña entra en el sueño. Han vuelto. Los vecinos mueven objetos y hablan a voces. Algo pasa. Me surto mi desayuno sin salir, apuro la tostada con lima, ya es rutina. Al salir, veo que florecen los bares próximos. Sin correr, pero a paso ligero, enfilo hacia mi rincón rocoso. Me reciben con sonrisa y me cuentan todo. La cocinera en erte, se ha metido el otro a cocinar, ya ves, algo sabe, a ver si esto se anima un poquillo. Doble solo negro negro con pollo frito y papas. Las tragaperras lucen de nuevo. Cada uno que entra se repite el verso y varía la charla a gusto del cliente. La voz de los cantantes de moda inunda las mesas. Cierta calma.




El monotema lo tiñe todo. Nos cierran y para casa. Sin cobrar. A la cocinera igual le llega algo. Estamos desesperados. Apuro la tapa con patatas. Penul. La tragaperra parpadea mostrando líneas ganadoras con limones y diamantes. El muro de piedra está húmedo. Se ven paraguas. La noticia se confunde con la publicidad de securitas directas.








A nosotros nos hacen trabajar. Otros van a la manifestación. A gusto del consumidor. Para que no se diga nada. - Oreja recortada, rabo o pimiento frito. Te lo quitas de en medio. - Dos copitas de castellana con hielo. La ciudad muralla es una moto con ruedas pinchadas. Se ven pasteles de varios días en los lindos escaparates. El carnaval veneciano a primera hora. Cuerpos de todas las escalas y colores transitan frenéticos hacia las incubadoras de la teoría. El trabajo es la sal.