miércoles, 22 de noviembre de 2023

VUDÚ (3318) BLIXEN / Ana Prieto


La atribulada, la iracunda, la frágil, la maléfica Angélica Liddell ha vuelto a hacerlo. Durante casi seis horas ha increpado la muerte -su, la de Él, la nuestra- con furia asesina, se ha inmolado de palabra y nos ha fulminado con imágenes inconcebibles. Nos ha legado, como una maldición, su testamento, y lo hemos ovacionado. Ir a ver a Liddell a menudo produce sentimientos contradictorios. Por un lado, nos maldice los huesos; por otro, nos ofrece el privilegio de una entrega incomparable, que la compromete del todo con la obra artística y, por tanto, con el público que tanto dice detestar. La creadora, que firma texto, dirección, vestuario y escenografía, es la reina de la performance, para la que cuenta con los oficiantes y acólitos Gumersindo Puche, Nicolas Chevallier, Ian Gualdani y Borja María López, más de treinta figurantes humanos ‒i mudos; sólo ella tiene el don de la palabra, concedido por el demonio‒, guacamayos, un cuervo y varias carroñas ‒que exhibirá, desplomará o despellejará‒. Y con todo esto hace vudú, un pacto con el diablo, un atestado sobre muertes violentas, unas cuantas imprecaciones y un funeral. Su guía espiritual será la escritora Karen Blixen: “Baronesa, baronesa, hagamos el mal”.