domingo, 10 de febrero de 2019

Estética relacional y socioplástica




Escaparate de Lapieza 
Desde hace unos años, y en diferentes contextos, se viene produciendo una creciente focalización del interés en los procesos relacionales e intersubjetivos. La psicología, la sociología, la biología o la neurociencia, entre otras disciplinas, dejan de centrarse en las entidades concretas que convencionalmente se definían como individuos, para pasar a interesarse por la fluida red de relaciones en las que se insertan.


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El arte tampoco es ajeno a este cambio de paradigma que supone desplazar los límites del hasta ahora estrecho concepto de individuo, para incluir en él las relaciones que establece. Desde hace muchos años se plantea el objeto artístico como interactuando con los diferentes sujetos que lo rodean e incluso inmerso en su propia red de relaciones significativas. En este sentido se ha desarrollado toda una teoría centrada más en la recepción de la obra de arte que en su producción. Pero aún así, se han mantenido las diferencias entre obra-objeto, sujeto-productor y sujeto-receptor. En los últimos 10-20 años, sin embargo, y en estrecha relación con tantos factores que es imposible analizarlos en este espacio, existe un tipo de representación artística que pretende borrar también estos límites, proponiendo un tipo de arte que consiste precisamente en la relación.
Si en el acontecer de esta relación se genera algún tipo de objeto artístico, éste formará así mismo parte de la relación y de la obra, pasando a enriquecer aún más la red relacional, pero la mera producción de objetos no es en sí misma la finalidad. Una característica de este tipo de arte relacional, es la preocupación generada por la percepción del empobrecimiento general de la esfera relacional mediada por la globalización y por las formas de relaciones impuestas. No se trata de preferir formas arcaicas u obsoletas de relación frente a innovaciones tecnológicas en este ámbito, sino de la resistencia ante la reducción forzada del repertorio. Desde estas perspectivas se entiende que el desmantelamiento de algunos modos relacionales obedece a intereses que pretenden desarticular la capacidad generativa social, de forma que, relaciones potencialmente transformadoras son sustituidas por relaciones cómodas, sin conflictos y acríticasMuchas propuestas de arte relacional, por lo tanto, al promover un reestablecimiento de repertorios relacionales que conduzcan a la generación de cambios sociales, incluso a nivel microlocal, reactivan movimientos a nivel vecinal y de barrio con vistas a recobrar todo su potencial transformador.


Lapieza y su intensa actividad relacional.


En el barrio de Malasaña está teniendo lugar una actividad relacional intensa que se despliega desde el espacio LAPIEZA en la calle Palma 15. En ocasiones anteriores nos hemos referido a este espacio del barrio como uno de los más dinámicos en lo relativo a la génesis de ecologías culturales. Quizás sea necesario explicar algo el funcionamiento de este sitio. Se trata de una sala que, como su nombre indica, presenta una “pieza” constituida a partir de las aportaciones que diferentes personas realizan. Esta pieza se va transformando, en paralelo a la relación que se va estableciendo en el seno del espacio. Pero además, el ámbito relacional sale al encuentro de la calle, en actividades culturales-relacionales periódicas como Palma Central, evento que agrupa a diversas entidades culturales de la calle Palma una vez al mes.
Pero volvamos a LAPIEZA. Allí, a través de “mutaciones” periódicas, el conjunto de la instalación (formada, recordemos, por las aportaciones de diversos productores) se va transformando a un ritmo creciente mediante estrategias de acumulación y de lo que N. Borriaud denomina semionáutica. La semionáutica es el proceso por el cual se establecen nuevas vías de comunicación entre signos de distinto tipo. Desde esta perspectiva, el arte en LAPIEZA deja de ser un proceso de generación de objetos para pasar a ser una actividad dedicada a establecer nuevas conexiones y sentidos entre los distintos signos que nos rodean. Dado que LAPIEZA se autodefine con vocación “socioplástica” y como espacio dedicado al Junk Art, es evidente que las nuevas conexiones y sentidos que se generan en su ámbito tienden a intentar hacer conscientes los procesos sociales y a intervenir sobre ellos, para lo cual se emplean estrategias tales como la performance y diversas actividades que podrían encuadrarse en el arte procesual, pero tampoco renuncian a la manifestación socioplástica en forma de vídeo, instalación o incluso formas aparentemente más tradicionales como pintura o escultura. Cuando así sucede, se privilegia la elaboración a partir de objetos preexistentes, y no debido a una vocación de reciclaje superficialmente ecológica, sino en el contexto de la semionáutica descrita, como forma de reintroducir en los circuitos de sentido signos prematuramente desechados que conservan poder significante para la elaboración de narrativas diversas.
Es obvio, por lo tanto, que en este proceso se generan objetos, pero su principal misión será la de servir de nexo o estación de intercambio entre signos que previamente estaban incomunicados, La socioplástica relacional que promueve LAPIEZA no se restringe a un único ámbito espacial como pueden ser los eventos organizados en la sala. Ni siquiera se limitan al espacio de la calle Palma en el ámbito del evento cultural Palma Central. Se expanden por todo el barrio de Malasaña y aledaños en sinergias entre diferentes entornos, y ocupan también espacios virtuales como la comunidad relacional creada en la red social Facebook, o la blogosfera mediante el blog lapiezalapieza y todas las ramificaciones que parten de ellos. Esperamos que en esta nueva temporada que se inaugura, LAPIEZA siga contribuyendo al enriquecimiento de la esfera relacional y a su transformación socioplástica, desde el barrio de Malasaña hasta todo el mundo globalizado.