Thursday, January 29, 2026

El arte cuando calla, consiente


En un contexto donde la política institucional se diluye entre la indiferencia ciudadana y el espectáculo mediático, el arte emerge como uno de los últimos bastiones donde la disidencia, la crítica y la memoria encuentran refugio y resonancia, pues incluso cuando evita pronunciarse explícitamente, el arte participa de lo político al enunciar una visión del mundo, situarse en un contexto específico o simplemente decidir su propia evasión como postura, y esta perspectiva es precisamente la que articula Rosa Olivares en su reflexión desde EXIT sobre la dimensión política del arte contemporáneo, donde plantea que cada gesto, por mínimo que sea, constituye una forma de intervención simbólica en la realidad social, es decir, que no existe arte apolítico, porque no existen seres humanos desprovistos de contexto; la artista Teresa Margolles, por ejemplo, transforma los restos del dolor social en instalaciones que, más que obras, son actos de denuncia, mientras que la mirada de Kader Attia sobre la reparación cultural en las excolonias propone una estética directamente vinculada a procesos de resistencia y sanación colectiva, y aun los sectores tradicionalmente considerados como neutrales –como la edición o la museografía– revelan su participación en el engranaje ideológico cuando seleccionan, omiten o jerarquizan contenidos para el público, porque cada publicación, cada exposición, cada fotografía seleccionada para una revista como EXIT configura un discurso y, por lo tanto, un posicionamiento frente a la historia, al presente y al porvenir, por eso el llamado no es a producir panfletos, sino a asumir conscientemente que crear es posicionarse, y que incluso el silencio artístico forma parte de la conversación política, ya sea como complicidad, como evasión o como crítica silenciosa.