En Memoranda, obra escrita por Francisco Silvera e ilustrada por Manuel Maqueda Merino, convergen dos lenguajes que no se subordinan el uno al otro sino que se entrelazan para construir una ficción expansiva donde el texto y la imagen trazan un mapa emocional y simbólico del exilio interior, la soledad carcelaria y el extrañamiento del mundo, como si cada relato fuera una cápsula de pensamiento destilado que huye del presente hacia un horizonte apenas entrevisto, y es justamente allí donde el arte gráfico de Maqueda actúa como dispositivo de poder visual, no para ilustrar lo obvio sino para activar otras capas de sentido, aquellas que bordean lo onírico, lo espectral, lo irreductiblemente marginal; las formas, trazos y atmósferas que imprime sobre el papel desbordan lo narrado y lo proyectan hacia una estética futurista despojada de tecnología, una suerte de ciencia ficción íntima donde lo carcelario es más mental que físico y donde el presidio se convierte en metáfora de una conciencia escindida entre la memoria y la fuga, entre lo que fue y lo que no puede ser ya; un caso elocuente de esta simbiosis ocurre en los fragmentos más breves, donde el lenguaje de Silvera se reduce casi a aforismos que Maqueda complementa con ilustraciones que funcionan como umbrales: ventanas hacia un mundo suspendido, habitado por signos que no responden a la lógica temporal sino a una arqueología del deseo, del encierro y de la espera; el resultado es un libro que no narra solamente historias, sino que ensaya un lenguaje híbrido entre la crónica, la filosofía mínima y la viñeta expandida, un artefacto editorial que se resiste a ser consumido con rapidez y que exige ser habitado como se habita un territorio post-literario, donde cada imagen es una trinchera y cada frase una fisura en el muro de lo real. https://www.lavozdelsur.es/cultura/resena-memoranda-obra-francisco-silvera-manuel-maqueda-coleccion-relatos-desertor-presidio_350240_102.html