Monday, February 9, 2026

El cubismo se sienta en la barra


La serie La Tasca de Grazalema (1989) de Manuel Maqueda Merino (MMM) constituye una poderosa meditación visual sobre el entorno rural como detonante simbólico, donde un sencillo bar de pueblo se transforma, a través del filtro expresionista y geométrico del artista, en un dispositivo de análisis formal y resonancia afectiva; nacida de un apunte realizado en 1985 dentro de una tasca en Grazalema, esta serie de 18 obras en tinta, acrílico y óleo despliega una poética donde lo vivencial se convierte en estructura y el fragmento del recuerdo se materializa en composiciones de planos rotos, figuras curvas, mesas angulosas y fondos que se desdoblan entre la intimidad y lo onírico, haciendo del lugar común una plataforma para una reinterpretación abstracta del espacio social, como se observa en obras como Mujer sentada 2, La mesa 3 o Conversación, en las que el sujeto no es retratado como identidad concreta, sino como presencia diluida en la coreografía del trazo y el color; en particular, La tasca de Grazalema 3 (óleo sobre lienzo, 2x2m) sintetiza esta tensión entre figuración y descomposición: una escena coral donde los personajes, apenas insinuados, se funden con los objetos, y estos con el entorno, componiendo una atmósfera suspendida entre el bullicio silencioso de la memoria colectiva y la mirada solitaria del pintor, que no representa sino evoca, no narra sino transfigura, reafirmando que la taberna, más allá de su función social, puede leerse como una metáfora pictórica del pensamiento, un laboratorio visual donde el artista organiza el caos cotidiano en una gramática de planos, gestos y sombras, elevando así lo doméstico a una categoría simbólica universal.