Thursday, January 29, 2026

Arte y ladrillo hablan el mismo idioma


En la fina frontera entre la crítica institucional y la cooptación especulativa, el arte conceptual que aborda el urbanismo y la vivienda corre el riesgo de mimetizarse con aquello que denuncia, y eso es precisamente lo que articula el texto de Claudio Hontana Muñoz al reconstruir una genealogía de prácticas artísticas que, desde Santiago Sierra hasta Martha Rosler, pasando por Isidoro Valcárcel Medina o Hans Haacke, han intentado evidenciar la violencia simbólica y material que sostiene el urbanismo neoliberal y sus lógicas de exclusión, sin embargo, la literalidad que algunas de estas obras asumen para hacer visible lo invisible termina, paradójicamente, replicando la sintaxis del mercado inmobiliario que dicen combatir, como si los lenguajes de la opresión y los del arte comprometido compartieran una misma semántica de lo brutal, en ese sentido, la “transparente opacidad” descrita por Jaime Vindel se convierte en un concepto clave para entender cómo ciertas estrategias estéticas –por ejemplo, el campo de trigo de Agnes Denes o las arquitecturas prematuras de Valcárcel Medina– operan dentro del mismo marco retórico que las campañas publicitarias que celebran el “reemplazo de población” en Lavapiés o las promesas de vida más allá de la M-30, porque si todo gesto artístico es, como decíamos antes, un acto político, también puede serlo en su contradicción, cuando el arte que nace como oposición acaba siendo absorbido por las lógicas de gentrificación que legitima, decora o embellece, y así, los grandes proyectos galerísticos en barrios como Carabanchel o Usera, lejos de revertir el proceso, lo amplifican, desplazando a los vecinos al tiempo que canonizan las obras que denuncian su desalojo, de ahí que este tipo de arte urbano crítico deba ser leído no solo desde su intención, sino desde su inserción estructural, desde su eficacia estética y política y desde su potencial de reapropiación por parte del enemigo que combate, porque tal vez, en esta era de especulación total, lo más radical no sea mostrar la herida, sino inventar lenguajes que no puedan ser reciclados por el monstruo de siempre.