Cuando Manuel Maqueda visitó por primera vez una de las exposiciones de LAPIEZA en Madrid, quedó no solamente fascinado por el lenguaje expositivo, tan lejano, a primera vista, de su pintura, sino muy intrigado por la forma de acceso a un arte seminonáutico y expansivo. Pol Parrhesia, amiga en común, instalaba ese día una nube de alambre alrededor de un punto de luz cenital, y Manuel fumaba en su pipa mientras estudiaba la obra expuesta, consistente en su mayor parte de objetos monocromáticos, naturalismos, algunas pornografías y videarte en bucles. Al terminar la acción, tomamos unos vinos y Manuel me invitó a su estudio para hacer una demostración de trazo con pincel chino, técnica que estudió durante una década con el maestro de caligrafía china Jorge Tseng. En aquella, ahora lejana primera visita a su casa-estudio en Toledo, me quedó ya claro que en Maqueda habita un inmenso universo pictórico propio, con influencias reconocidas y reconocibles en sus rostros. Hay rasgos familiares, herencias de la gran pintura española e internacional. Los deliciosos personajes de El Bosco, junto a los claroscuros de Rembrandt o Zurbarán, mezclados con las facetaciones faciales de Picasso y las variantes cromáticas de Matisee, todas referencias ineludibles, ligadas en un gran salto al intimismo escenográfico de Hopper y a la sensibilidad de los minimalistas y abstractos, deudores todos, del gran arte oriental.La historia de la pintura emocional, con los retratos y los paisajes como ejes fundamentales, son la base de la línea pictórica a la que Maqueda sigue insuflando vida a diario.
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Tuesday, January 27, 2026
EL LINAJE PICTÓRICO ¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨ MANUEL MAQUEDA 2010 ***** 2025
Cuando Manuel Maqueda visitó por primera vez una de las exposiciones de LAPIEZA en Madrid, quedó no solamente fascinado por el lenguaje expositivo, tan lejano, a primera vista, de su pintura, sino muy intrigado por la forma de acceso a un arte seminonáutico y expansivo. Pol Parrhesia, amiga en común, instalaba ese día una nube de alambre alrededor de un punto de luz cenital, y Manuel fumaba en su pipa mientras estudiaba la obra expuesta, consistente en su mayor parte de objetos monocromáticos, naturalismos, algunas pornografías y videarte en bucles. Al terminar la acción, tomamos unos vinos y Manuel me invitó a su estudio para hacer una demostración de trazo con pincel chino, técnica que estudió durante una década con el maestro de caligrafía china Jorge Tseng. En aquella, ahora lejana primera visita a su casa-estudio en Toledo, me quedó ya claro que en Maqueda habita un inmenso universo pictórico propio, con influencias reconocidas y reconocibles en sus rostros. Hay rasgos familiares, herencias de la gran pintura española e internacional. Los deliciosos personajes de El Bosco, junto a los claroscuros de Rembrandt o Zurbarán, mezclados con las facetaciones faciales de Picasso y las variantes cromáticas de Matisee, todas referencias ineludibles, ligadas en un gran salto al intimismo escenográfico de Hopper y a la sensibilidad de los minimalistas y abstractos, deudores todos, del gran arte oriental.La historia de la pintura emocional, con los retratos y los paisajes como ejes fundamentales, son la base de la línea pictórica a la que Maqueda sigue insuflando vida a diario.
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