En Leça da Palmeira, al norte de Oporto, Álvaro Siza proyecta entre 1961 y 1966 dos piscinas de agua marina sobre una costa rocosa expuesta al Atlántico. La intervención parte de un levantamiento preciso de la topografía: las rocas existentes forman parte de los vasos y los muros de hormigón completan únicamente los límites necesarios. Desde el paseo marítimo, una secuencia de rampas, pasillos y vestuarios parcialmente hundidos conduce al bañista hasta el agua, controlando las vistas, los desniveles y la exposición al viento. La geometría rectilínea del hormigón contrasta con las formas irregulares del granito sin ocultarlas, mientras las instalaciones de captación y tratamiento permiten utilizar agua salada. Esta manera de construir desde las condiciones existentes encuentra afinidades con Sverre Fehn, especialmente en el Museo de Hedmark, donde las estructuras contemporáneas dialogan con los restos históricos, y con Enric Miralles y Carme Pinós en el cementerio de Igualada, donde la excavación y los recorridos convierten el terreno en arquitectura. Tres aproximaciones distintas a una misma cuestión: intervenir en un lugar sin borrar sus características, utilizando la topografía, la materia y el movimiento como instrumentos de proyecto.
