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Saturday, January 24, 2026

Solazo de nuevo

Voy a aprovechar la espera. Bajo hasta la playa. Veo la entrada llena de coches. Agosto. Aparco en la cuneta, cerca de la zanja, con ojito para no volcar. El chiringuito ya está repleto de gente comiendo pulpo y frituras variadas. Al otro lado del riachuelo hay familias haciendo barbacoas, con neveras y sombrillas gigantes. Es un día de fiesta. Ignoro las festividades. Me calzo el traje negro y me descalzo. Llego sin nada. No llevo toalla. Si hace falta, me enareno. Solo traje un libro. Camino por la orilla. Miro los barrigones que pasean arriba y abajo. Esta playa es la antítesis de Ibiza. Salvo el de algún surfero, los cuerpos son absolutamente ordinarios. Me relaja, detesto el exceso de cuerpos musculados o intervenidos. El agua está cristalina. La marea, bien alta. Dejo mis cosas en la cresta de arena seca, en el límite de la batida, junto a dos sombrillas de colores chillones que me servirán de guía. Es imposible predecir si trae lluvia. Camino en seco la playa. Ida y vuelta. Ida y vuelta. Observo a los otros caminantes que van y vienen. Caras, cuellos, pechos, vientres. Ellos llevan todos bañadores largos. Ellas, bikinis de colores. Las viejas, con mallotas negras. Pieles blancas y flácidas. Mi abuela siempre llevaba mallota. Nunca bikini. Los niños trastean con montículos de arena y plásticos de colores. Los padres los vigilan de cerca. Entro en calor. Entro al agua. Me tiro de frente y buceo con los ojos abiertos. Mi cuerpo, rodeado de una temperatura nueva. Me sumerjo más. Veo tu cara, al fondo, sacándome la lengua. Nado a braza, mar adentro. Hago el muerto. Me vuelvo buceando. Busco las sombrillas de colores. Gafas puestas. Driblo cuerpos dormidos. Llego a la duna. Toco dientes de león con las yemas. Me ducho con agua dulce templada. Me seco al sol. Me estiro. Me pongo la ropa de nuevo. No me gusta llevar el traje mojado; este es de secado lento. Compro un café para llevar. Fumo en la bancada. Miro las yucas. Saco fotos. Salgo a coger el tren.

Friday, February 4, 2022

EL SOL DE FRENTE*****************************************************************************ACCIONES NOCTURNAS









Salgo de Madrid por la carretera de Extremadura, como tantas otras veces. El sol de frente, en línea con los ojos me baja los párpados. Ese justiciero sol de julio que quiere no esconderse nunca. Llevo apenas unas horas de vuelta en este asfalto caliente y la piel me dice que no, que no me quede, que estas pocas horas ya fueron suficientes, que me vaya, que me vuelva al océano con el que llego de cuerpo en sal. Junto al círculo de Bellas Artes capturo una hoja de Catalpa Bignonides, otra hoja, que coloco a modo de escultura en el bolsillo de mi camisa blanca de manga corta. La tercera hoja. Voy ligero, solo llevo mis fijadores cromáticos usables, en azul y amarillo, básicos en esta temporada en cierre y la cámara. Las torres de ladrillo de los años setenta se apiñan en la salida de Madrid, acelero, la carretera va perdiendo la densidad urbana para ganar paisajes amarillentos a jirones. Las naves de mercancías y los campos maltrechos, masa notarial de la futura especulación suburbana, se alternan. Llego al punto de desvío marcado en mi memoria y siento vértigo. Llamo a Ana para confirmar que llego, que voy, que estoy cerca, y me indica que siga, que no es ahí, donde yo estoy. Sonrío aliviado. Cruzo el río y encauzo el volante hasta la finca, apenas a unos kilómetros. Somos menos de veinte. Algunos conocidos, pocos, Ana, la anfitriona y su compañero Igor, ambos filmados en Madrid hace unos años y Paco, al que tengo en alta estima por su sincera y sutil brutalidad. Paseo en reconocimiento por la parcela mientras anochece. Nos ponemos cómodos, tomamos unos vinos tintos y comemos ensaladilla sin huevo. Los accionistas presentes piden sus turnos y despliegan su arte de acción ante un público cercano, natural y algo tibio. Paco expone en forma de acción didáctica, dando cátedra, recostado, la dificultad de liberar el tercer esfínter, el mental, mientras entubado, y vaciándose de luz, prepara el baile, que activa con otros cuerpos, sobre su alfombra sonora. Los árboles del lugar me interesan, la escenografía máxima es el paisaje nocturno. La nocturnidad. Paseo y fotografío los árboles más grandes y algunas flores. Pasan algunas horas y los visitantes menos activos comienzan a cansarse e impacientarse. Piden salida, piden ayuda, piden clemencia. Piden taxi y desaparecen. La noche es larga y nadie dijo que el ritmo tuviera que ser continuo. Seguimos de vinos. Una nueva llamada nos congrega. Todos nos acercamos y miramos por las ventanitas de la cabaña, hacia adentro. En la penumbra un cuerpo esbelto se desnuda. La performance exige cuerpo, escenografía, ritmo, y sobre todo concepto. El cuerpo se calza unas medias red de color rojo y unos zapatos negros de tacón. Piernas largas. El cuerpo se levanta y se coloca una inmensa osamenta dorada, una corona animal. La imagen es poderosa. Lo animalizado cobra fuerza mientras el cuerpo trabaja, dentro, su estudio posicional, su estudio habitacional y se va sintiendo cómodo, mientras fuera, cada uno de nosotros, es otro animal furtivo, que cual voeyeur mira, por la ventana, con curiosidad el devenir de ese animal que se pliega, gatea y expande sus brazos en espasmos rítmicos, entre lo escultural estático y lo danzante escénico. Los brazos parecen alas. Tras un largo baile final, el cuerpo sale de la casa y camina hacia el bosque. Aquí se produce un inmediato cambio de código y de roles. El paisaje absorbe al animal y le da su mayor esplendor. El contexto natural por fin es escena pura, nítida. El baile se naturaliza y la escena se dinamiza. El animal habla, su voz pide con suavidad que haya algo de furia. Que haya coro. Que haya ladridos. La noche es plena y todo es posible cuando se pide en el momento preciso. Se preparan unas correas con cuerdas y se ata a los que quieren ser perras y se da cuerda a los que prefieren tirar.. Los ladridos y aullidos de perros y perras, son cada vez más sinceros y el erguido animal protagonista, el de la gran osamenta dorada, baila. Las luces del otro lado del río brillan, todos los ojos iluminados fijos en la cornamenta dorada que nos alimenta. Así termina. En esta escena tomo algunas instantáneas como parte de la acción. El flash es un elemento escénico que utilizo para dar protagonismo a determinados momentos plásticos. No hay aplausos. La energía ya es alta. Sin apenas transición, todos los cuerpos activos cambian de juego y pasan a contorsionarse sobre las sillas reservadas al efecto. Una improvisada aula futura cobra vida con la auto confirmación escénica de cada uno de los agentes participantes, que reclaman un protagonismo agónico sobre las sillas, los micro escenarios rotativos, que por un código prefijado en acta de voz, cambian de usuario cada pocos minutos, así cada cuerpo usa y disfruta cada silla una o varias veces, hasta que por extenuación se cierra el bucle, y los artistas bajan el ritmo, y pasan a intimismos conversacionales. Entra la madrugada, y quedamos ya muy pocos, acaso solo los que duermen en la finca y este cuerpo, que fotografía su sol de plástico, y sonríe al nuevo día ya por el camino de tierra a la pista de asfalto, desierta. Es domingo, y con otro inmenso sol, siempre de frente, avanzo por la carretera de Extremadura hacia Madrid.








WHITE SHIRT - GREEN HAT - ANOTHER LEAF - GREEN JEWEL 
YELLOW BAG (OFFSET)




ENCUENTROS EN EL CAMPO
ORGANIZADOS POR ANA MATEY EN MATSU

Todos los derechos reservados
Acción situacional presencial y narrativa.

ANTO LLOVERAS 2015
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COMISARIO DIRECTOR
LAPIEZA ART SERIES

Tuesday, February 1, 2022

LAS VIANDAS


Íbamos envalentonados para comer en El Charolés, en la zona noble de El Escorial, cerca del Monasterio, que es conocido por su famoseo y por ser medio caro. Al final, se apuntaron también la Vero y la Niña Diamante, con lo que éramos cuatro, y nos resultó muy caro el Charolés y nos fuimos a comer a otro restaurante al lado del Charolés, también en la zona noble de El Escorial, cerca del monasterio que se llamaba Las Viandas y que estaba lleno de gente, no como El Charolés, que estaba muerto y no tenía ni chimenea. Así que en Las Viandas nos dieron un menú delicioso con sopa castellana, entrecot al punto, salmón con queso fundido y arroz con leche de postre. También tomamos unos vinos tintos y nos sacamos unas fotos con el fechador. Era entre semana, un martes bien frío y nublado, en la plaza de al lado desmontaban los decorados navideños con los dromedarios, era veinticinco de enero y celebramos con ganas.





THEN

 

Thursday, April 16, 2020

Rubem Fonseca

Só tenho duas filhas, uma de catorze anos chamada Jacqueline e outra de treze de nome Gisele, porque uma das patroas que tive era uma médica que trabalhava na prefeitura e ela me disse que ia fazer ligadura das minhas trompas mas que ninguém podia saber porque era proibido fazer aquele tipo de operação num hospital público, o governo e os padres não deixavam, se soubessem ela perdia o emprego. Então ela fez escondido fingindo que estava tratando uma infecção urinária. O pai das meninas me deu um pontapé na bunda quando elas ainda eram pequenas, levou tudo com ele, até a televisão, e eu fiquei cuidando delas sozinha. Tive outros homens, mas eles não puderam fazer filhos em mim graças à santa da minha patroa, o nome dela era doutora Raquel. Depois de algum tempo fiquei sem homem dentro de casa, eram todos pessoas muito ruins, teve até uns que batiam em mim, um deles quebrou esse meu dente da frente com um soco. Então, eu me desiludi de homem e decidi viver sozinha. Tenho um patrão viúvo legal, que me paga em dia e aumenta sempre o meu salário, e nem quer saber da casa, me dá o dinheiro das compras e não confere, eu dou a nota do supermercado e ele nem olha. Também não se interessa por comida, o que eu ponho na frente dele ele come, quase sempre lendo um livro. Então Jacqueline ficou grávida. Ela sempre foi uma menina que dava muito trabalho, não gostava de estudar roubava dinheiro da minha bolsa, mas eu perdoava, mãe existe para perdoar. O pai era um garoto um pouco mais velho do que ela.Jacqueline disse que não queria tirar, que queria ter o filho e depois, se achasse chato, dava o bebê. O menino já fez quatro anos e ela não deu ele pra ninguém porque quem sempre cuidou dele fui eu, deixava na creche na hora do meu trabalho, e comprava tudo, fraldas, o leite da mamadeira, o talco para assadura do bumbum, remédios, tudo. Como o meu salário não dava, eu apanhava dinheiro na carteira do meu patrão, duzentos, trezentos, ele era muito distraído e nem desconfiava. Enquanto isso Jacqueline passava as noites em festas e eu disse a ela que se ela ficasse grávida de novo eu não ia cuidar do bebê, ia expulsá-la de casa. Então conheci o Jeferson. Ele era branco, usava cabelo comprido, tinha quarenta anos. Estava se separando da mulher e perguntou se podia ir morar na minha casa. Esqueci de dizer que o meu patrão me deu uma casinha com dois quartos. Eu disse ao Jeferson que sim, é bom ter um homem dentro de casa, e o Jeferson já tinha trabalhado de bombeiro eletricista e sabia fazer essas coisas que nós mulheres não sabemos. Jeferson estava desempregado, procurando trabalho, e assim, enquanto ele não conseguia um novo emprego, eu dava a ele uns trocados para comprar cigarro, mas eu sabia que ele fingia que fumava três maços por dia e fumava apenas um e o resto do dinheiro era para tomar uma cachacinha, só que eu fingia que não sabia. Ele era um homem forte, mas na cama era meio frouxo. No início ele me comia nos sábados, depois nem isso. Depois de seis meses sem me comer eu falei com ele, Jeferson, você não faz nada comigo tem seis meses, você tem outra mulher? Ele jurou por Deus que não tinha mulher nenhuma, aquilo que estava acontecendo com ele era porque ele estava muito preocupado por não conseguir arranjar emprego, o que deixava ele nervoso, e um homem nervoso não dá no couro. Eu disse, você passa o dia dormindo e vendo televisão, assim não vai arranjar emprego nunca. Jeferson respondeu que eu estava sendo injusta com ele, que eu não sabia o quanto ele sofria, que um homem com vergonha na cara odiava aquela situação, ser sustentado pela mulher. E fez uma cara de cachorro triste que cortou o meu coração. Todo dia, quando saía pela manhã para ir para o trabalho, de segunda a sexta — meu patrão me dava folga no sábado e no domingo —, eu preparava tudo para o Jeferson, ele gostava de sanduíche de queijo e eu deixava os sanduíches prontos e o café na garrafa térmica para ele e para Jacqueline, ela e o Jeferson gostam de acordar tarde. Então eu levava o menino para a creche e a Gisele para o colégio e ia para o meu trabalho. Acho que o meu patrão não dormia, pois a cama dele nunca estava desfeita e ele ficava lendo o dia inteiro ou então sentado na frente do computador e eu tinha que insistir para ele almoçar, não era fácil. Acho que é por isso que ele era tão magrelo, eu devo pesar o dobro dele, acho que era porque eu devorava biscoito o dia inteiro, e doce de leite, e chocolate, que eu comprava fingindo que era para ele, mas que ele nunca comia. Minha irmã, Severina, disse que eu estava muito gorda e que era por isso que o Jeferson não transava comigo. No dia em que ela me disse isso pelo telefone eu saí do emprego e quando cheguei em casa o Jeferson estava vendo televisão e eu desliguei a televisão e perguntei, Jeferson, você não transa comigo é porque estou muito gorda? Ele respondeu, meu amorzinho, é aquele nervoso que eu falei, passo o dia procurando emprego e não arranjo nada, você não sabe como isso me faz sofrer. Já estou procurando emprego há mais de um ano, é duro. Fiquei com peninha dele e liguei de novo a televisão. O que vai ter hoje para o jantar?, Jeferson perguntou. Respondi que ia fazer costeleta de porco com batata frita, que ele tanto gostava. Você é uma mulher maravilhosa, disse Jeferson acendendo um cigarro e olhando para a tela da televisão. Modéstia à parte, eu faço uma costeleta de porco melhor do que qualquer restaurante. Jeferson come umas cinco, no mínimo.